
Colosenses 3:17 “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”
Pensando en que tal vez servimos a Dios, pudieramos no necesariamente estarlo haciendo si no tenemos bien claro en nuestra mente y corazón la manera correcta en la que debe hacerse. Es muy fácil involucrarse en toda actividad en la iglesia, y perder el enfoque de nuestro servicio al Rey de reyes cuando queremos sobresalir entre nuestros hermanos en la fé o cuando hay otros motivos personales al ejecutar nuestras supuestas actividades de servicio.
Y si deseamos ser honestos con nosotros mismos, debemos hacernos algunas preguntas y analizarnos frente a la Palabra de Dios, el único espejo en que podemos vernos tal como somos.
Para empezar, en Colosenses 3:17 nos dice que todo lo que hagamos,sea de palabra o de hecho, que lo hagamos en el nombre del Señor Jesús. Y cuando dice “todo” es todo, cualquier actividad dentro y fuera de la iglesia, osea que inclusive en las cosas personales, de familia, de trabajo, etc. etc., que pongamos a Cristo como prioridad, y que se hagan las cosas de tal calidad como si estuvieramos haciendolas para nuestro Señor y Salvador.
Con esto también se entiende, que para servir a Dios debe haber un ingrediente muy importante, el agradecimiento. Al final del versículo 17 de Colosenses capítulo 3 dice: “dando gracias a Dios Padre por medio de él.” Agradecimiento por realizar cualquier tarea que sea, no importa si es de una actividad que es visible ante los demás, o si es una tarea que tal vez no es tan reconocida. Lo importante es ser agradecido en el servicio a Dios, porque simplemente tenemos la oportunidad de servirle a quien nos ha amado tanto que dio a su Hijo para morir en la cruz por nosotros y por quien ahora tenemos salvación eterna. El servicio a Dios no debe verse como una carga ó como una obligación, si no al contrario, debe verse como un privilegio y como el resultado de nuestro agradecimiento por lo tanto que Dios ha hecho por nosotros.
Más adelante en el versículo 23 de Colosenses dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.” Y tal vez es aquí donde pudieramos empezar a cometer los primeros errores al involucrarnos en el servicio a Dios. ¿Porqué? Porque servirle a Dios nace del corazón, como respuesta de amor a tan grande amor mostrado primeramente por Dios a nosotros.
Por otra parte, en este mismo versículo nos aclara que a quien servimos es a Dios y no a los hombres. No se trata de agradar a la gente a nuestro alrededor, no debemos entrar a ciertos comités en la iglesia solo para quedar bien con el pastor o los diáconos o con ciertos hermanos de la congregación. Cuando nosotros servimos sinceramente a Dios con el deseo de edificar y bendecir a nuestro prójimo, veremos que Dios nos usa de manera increíble con nuestros dones y talentos.
En Colosenses 3:24 dice también: “sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.” Como resultado de nuestro sincero servicio a Dios, tenemos una promesa y de la cual debemos apropiarnos, que del Señor mismo seremos recompensados. No esperemos de los hombres un reconocimiento, premios o alabanzas por nuestro servicio, porque eso no es nuestra razón de servir. Quien realmente sabe el cómo, cuándo y porqué servimos, es Dios mismo. Dios conoce lo que está en nuestro corazón mucho antes de que nos involucremos en cualquier actividad en la iglesia o en el ministerio. Nuestro servicio edificará y bendecirá a nuestros hermanos y a los no creyentes, pero a quien verdaderamente servimos es a Cristo el Señor.
Por lo tanto, debo dejarte por lo menos las siguientes preguntas:
1. ¿Porqué haces lo que haces para el Señor? ¿Cuál es el motivo? El verdadero motivo de servir a Cristo es por agradecimiento. El servicio no es por intereses personales ni tampoco por obligación, si no al contrario, es el resultado del amor mostrado por Dios a nosotros.
2. ¿A quién sirvo? Esto tiene que ver con nuestra preferencia, y aquí debes preguntarte si estás sirviendo a todo el cuerpo de Cristo por igual, o si solo sirves a ciertas personas de tu preferencia. ¿Lo haces para los hombres o lo haces pensando en que es para Dios?
3. ¿Cuándo sirvo? ¿Estás dedicando el tiempo para servirle a Dios o lo dejas para cuando te sobra el tiempo? ¿Es Dios la prioridad en tu vida o acaso es tu trabajo secular primero?
4. ¿Cómo lo hago? Esto tiene que ver con la disponibilidad que tienes para servirle. Lo haces de buena manera, con ganas o sin ganas, con el deseo o sin el deseo, o solo lo haces para cumplir con alguien o con algunos. Todo lo que hagamos realmente debe ser porque nos nace del corazón y no por guardar las apariencias.
A Dios no podemos engañar, él sabe el cómo, cuándo y porqué de nuestro servicio a El. Asi que, el servir a Dios es un privilegio, es una oportunidad, no la dejes pasar, no la ignores, sé parte del plan perfecto y divino de Dios. Somos colaboradores, y que maravilloso es saber que Dios nos ha considerado para ser parte de sus planes.
Que el poder de Dios y la luz de Cristo se refleje en tu vida, para que los hombres vean tus buenas obras y glorifiquen al Padre.
Que Dios te guarde, de parte de tu amigo,
Victor Castillo
victor@cristiano.net
(última revisión 05/11/2006)
